Gabriela Rico Jiménez, antes de NXIVM: una denuncia olvidada que hoy vuelve a incomodar

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A finales de enero del 2026, la publicación de millones de páginas adicionales de los llamados Epstein Files volvió a colocar a las élites del poder económico y político bajo escrutinio internacional. Entre correos electrónicos, agendas de contacto e invitaciones a reuniones privadas asociadas al financiero Jeffrey Epstein.

Aparecieron menciones a empresarios de alto perfil, incluidos nombres mexicanos como Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego y referencias a círculos de poder que, sin constituir prueba de conductas ilícitas, reavivaron el debate sobre cómo operan las redes de influencia entre dinero, política y silencio institucional.

Ese contexto ha hecho resurgir preguntas que parecían archivadas. Entre ellas, una escena ocurrida en México en 2009, registrada en un video que durante años fue tratado como una rareza incómoda de internet.

En ese año, a las afueras de un hotel en Monterrey, una joven visiblemente alterada era escoltada por policías mientras lanzaba acusaciones que, en ese momento, fueron calificadas como delirantes. Gabriela Rico Jiménez, sus palabras eran una denuncia contra “la élite”, empresarios, políticos y figuras de poder, a quienes acusó de crímenes extremos y prácticas aberrantes.

Durante más de una década, el vídeo permaneció relegado al margen del debate público. Sin embargo, el colapso de la secta NXIVM en Estados Unidos y México, obligó a replantear una pregunta incómoda: ¿y si no todo era locura?

¿Qué dijo exactamente Gabriela Rico Jiménez?

El registro audiovisual que comenzó a circular en 2009 muestra a Gabriela Rico Jiménez escoltada por elementos policiales, pronunciando una serie de afirmaciones que fueron interpretadas como producto de un episodio psicológico. En el video, la joven asegura estar privada de su libertad y pide auxilio de manera insistente, mientras afirma que personas “muy poderosas” conocen lo que está ocurriendo y permiten que continúe.

Durante su intervención, Gabriela lanza acusaciones contra lo que denomina “la élite”, a la que atribuye prácticas criminales y abusos sistemáticos. La frase que terminaría por marcar el material y sellar su descrédito público es aquella en la que afirma haber presenciado actos inhumanos, gritando desesperadamente: Comieron humanos. Huelen a carne humana.

No existe constancia de que Gabriela haya presentado una denuncia formal ante alguna autoridad, ni expedientes públicos que respalden judicialmente sus afirmaciones, pues afirmaba que estaba privada de su libertad. Lo único verificable es el video y el hecho de que, tras ese episodio, fue trasladada por las autoridades a una institución médica. Desde entonces, su rastro desaparece del espacio público sin explicación oficial.

NXIVM y el nombre que reabre la discusión: Emiliano Salinas Occelli

Años más tarde, cuando el caso parecía definitivamente archivado, otro escándalo sacudió al país y obligó a revisar viejos silencios. El nombre de Emiliano Salinas Occelli, hijo del expresidente Carlos Salinas de Gortari, emergió como una figura central en la estructura de NXIVM, organización que operó durante años bajo la fachada de cursos de autoayuda y que posteriormente fue declarada una secta criminal.

Salinas Occelli fue identificado como el principal operador de NXIVM en México y uno de los hombres de mayor confianza de Keith Raniere, líder del grupo, hoy condenado en Estados Unidos por delitos relacionados con tráfico sexual, trabajo forzado y conspiración criminal. Aunque Emiliano Salinas no fue sentenciado penalmente, su papel directivo dentro de la organización y su cercanía con la cúpula que sí recibió condenas están ampliamente documentados.

Emiliano Salinas y Ludwika Paleta.

El escándalo también arrastró a otros nombres de la vida pública mexicana que, tras el colapso del grupo, reconocieron haber tenido algún tipo de relación con los programas de NXIVM. Entre ellos se encuentran la política Clara Luz Flores y el dirigente partidista Mario Delgado Carrillo, quienes admitieron haber participado en cursos vinculados a la organización, asegurando posteriormente que desconocían las actividades ilícitas que más tarde saldrían a la luz.

Además de estas figuras públicas, diversos reportes periodísticos y testimonios han señalado la presencia de empresarios y miembros de círculos sociales de alto nivel relacionados con la expansión de NXIVM en México, entre ellos Víctor Manuel Ochoa Peña, Jesús Santos, Diego Asunsolo, Daniel Márquez, Diego Rodelo y Carlos Arturo Galván.

La actriz Catherine Oxenberg, una de las denunciantes más visibles del caso tras el reclutamiento de su hija dentro de la organización, también aseguró públicamente que familiares de expresidentes mexicanos habrían tenido relación con el grupo. Entre los nombres mencionados se encuentran Ana Cristina Fox, hija del expresidente Vicente Fox; Cecilia Salinas Occelli, hermana de Emiliano Salinas; así como Federico de la Madrid, hijo del exmandatario Miguel de la Madrid. También se ha mencionado a Alejandra González Anaya, hermana del exsecretario de Hacienda José Antonio González Anaya, dentro de los círculos cercanos a la organización.

Otros testimonios y reportes han apuntado hacia integrantes de familias empresariales del norte del país. Entre ellos aparece Rosa Laura Junco, hija del fundador del diario Reforma, Alejandro Junco de la Vega. Según declaraciones atribuidas a la cofundadora de NXIVM, Nancy Salzman, Junco habría adquirido una propiedad en Waterford, Nueva York, donde se realizaban actividades vinculadas a la organización.

También han sido mencionadas las hermanas Loreta, Carola, Jimena y Luciana Garza Dávila, vinculadas al proyecto educativo Rainbow Cultural Garden en Monterrey. De acuerdo con diversas versiones, miembros de esta familia habrían mantenido relación con el círculo cercano de Raniere durante sus visitas a San Pedro Garza García, en Nuevo León.

Dentro de las investigaciones sobre la estructura interna de NXIVM también aparecieron nombres relacionados con el círculo de DOS, entre ellos Daniela Padilla, así como Camila y Mónica Durán, señaladas en distintos reportes como instructoras dentro de los primeros niveles de entrenamiento del grupo.

En el ámbito institucional, el exfuncionario Javier Jileta, quien formó parte del equipo de trabajo de la subsecretaria Martha Delgado en la Secretaría de Relaciones Exteriores, reconoció públicamente haber tomado algunos de los talleres impartidos por NXIVM.

La lista de personas vinculadas o mencionadas en distintos reportes también incluye a Margarita García de Alba, directora de la empresa Nopalito’z; Fabiola Sánchez de la Madrid; Alejandra Salazar; Anabel Cantú; Carola y Carmen Garza; Mara Bernal; Lorena Lara; Vanessa Sahagún; Silvia Ribot; Luisa Merodio y Marcela Gómez del Campo, hermana de Mariana Gómez del Campo y prima de Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón.

La actriz mexicana Verónica Jaspeado habló sobre su terrible vivencia como una de las víctimas de la secta NXIVM.

La amplitud de estos nombres no implica necesariamente responsabilidad penal en todos los casos, pero sí refleja la profundidad de las redes sociales, empresariales y políticas que NXIVM logró construir en México, un entramado que años después volvió a examinarse a la luz de testimonios, investigaciones judiciales y documentos que siguen emergiendo alrededor del caso.

El caso también alcanzó a figuras del entretenimiento. La actriz estadounidense Allison Mack, conocida por la serie Smallville, fue detenida en 2018 y posteriormente se declaró culpable de cargos relacionados con crimen organizado y conspiración por su papel dentro de la estructura de NXIVM. En junio de 2021 fue sentenciada a tres años de prisión, pena reducida tras colaborar con las autoridades en el proceso contra el líder del grupo. Mack ingresó a prisión en septiembre de ese año y recuperó su libertad en julio de 2023, después de cumplir poco menos de dos años de condena.

¿Existe una conexión directa entre Gabriela Rico Jiménez y NXIVM?

Desde un análisis estrictamente verificable, no existe evidencia de que Gabriela Rico Jiménez haya mencionado a NXIVM, a Keith Raniere o a Emiliano Salinas Occelli en el video registrado en 2009. 

Los únicos nombres identificables que pronuncia corresponden a figuras de poder ampliamente reconocidas: Carlos Slim, la referencia a “Mouriño”, en alusión al entonces secretario de Gobernación fallecido en 2008, y una mención directa a “la reina de Inglaterra” como parte de esa élite a la que acusa de prácticas inhumanas.

La mención a Mouriño es confusa y no queda claro si lo vincula con algún hecho criminal o si lo utiliza como ejemplo del poder político al que alude. La relación con NXIVM aparece únicamente años después, cuando se documenta que uno de los principales operadores de la organización en México fue el hijo de un expresidente, lo que llevó a una relectura retrospectiva del caso.

No se trata de una conexión probatoria, sino de un cruce incómodo entre dos relatos separados por el tiempo: el de una mujer desacreditada y silenciada, y el de una secta criminal que operó durante años bajo la protección del poder político y económico antes de ser expuesta.

El silencio como punto en común

El mayor enigma no es únicamente lo que Gabriela Rico Jiménez dijo, sino lo que ocurrió después. No existen entrevistas posteriores, no hay seguimiento institucional ni informes públicos sobre su estado actual. Su voz se apagó sin que mediara una investigación exhaustiva.

El caso de Gabriela exhibe un patrón persistente: cuando una persona señala al poder desde una posición de vulnerabilidad, la respuesta institucional no suele ser investigar, sino desacreditar, aislar y archivar. Años después, cuando organizaciones como NXIVM son desmanteladas y se confirma que operaron durante largo tiempo bajo la protección del dinero, las influencias y los apellidos, expedientes como el de Gabriela dejan de parecer anécdotas extravagantes y se transforman en advertencias ignoradas.

La reciente liberación de archivos vinculados a Epstein, con menciones a figuras del poder económico global que hoy vuelven a generar debate público, refuerza esa misma pregunta de fondo: ¿cuántas denuncias quedan enterradas no por falta de verdad, sino por exceso de poder, hasta que las estructuras que las protegían comienzan a resquebrajarse?

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