Seis científicos, un mismo entorno y ninguna respuesta clara: las desapariciones que reavivan preguntas en EE. UU.

Share

Una desaparición puede ser una tragedia singular. Dos, una coincidencia. Pero cuando los casos comienzan a acumularse dentro de un mismo entorno —el de la investigación científica vinculada al aparato militar de Estados Unidos— la conversación cambia. No por lo que se puede confirmar, sino por lo que permanece sin explicación, siendo coincidencias tan extrañas.

El primer caso que ha llamado la atención es el de William Neil McCasland, ex mayor general de la Fuerza Aérea y figura clave en programas de ciencia y tecnología desarrollados en la base de Wright-Patterson.

William Neil McCasland

Su trayectoria incluye la supervisión de proyectos multimillonarios y participación en análisis de fenómenos aéreos no identificados. El 27 de febrero, en Nuevo México, salió de su casa y no volvió. Dejó atrás teléfono, dispositivos personales y objetos básicos, en un patrón que ha generado más preguntas que respuestas.

En ese mismo ecosistema aparece Monica Jacinto Reza, ingeniera aeroespacial vinculada a la NASA y coinventora de una aleación utilizada en tecnología de cohetes. Su desaparición, registrada en 2025 mientras caminaba por el suroeste de Estados Unidos, no dejó rastro. Su perfil técnico y su relación con programas estratégicos la colocan dentro de una línea similar a la de McCasland.

Melissa Casias

Días después, el caso de Melissa Casias sumó un elemento aún más inquietante. Asistente administrativa en el Los Alamos National Laboratory —institución histórica surgida del Proyecto Manhattan, el programa militar estadounidense que desarrolló las primeras armas nucleares durante la Segunda Guerra Mundial—, desapareció tras una rutina aparentemente normal. Salió de casa, dejó pendientes cotidianos y, en algún punto del trayecto, se esfumó. Más tarde, sus dispositivos fueron encontrados en su domicilio, reseteados. Sin información. Sin rastro.

Nuno Loureiro

En paralelo, otros tres casos no corresponden a desapariciones, sino a muertes en circunstancias igualmente opacas. Nuno Loureiro, director de un centro de investigación en plasma y fusión del MIT, fue asesinado en Massachusetts meses después de anunciar avances en energía de fusión.

Carl Grillmair

Carl Grillmair, astrofísico vinculado a investigaciones sobre agua en otros planetas, murió tras ser atacado en la puerta de su casa. Y Jason Thomas, biólogo químico con contratos relacionados con el Departamento de Defensa, fue encontrado sin vida cerca de un lago.

Jason Thomas

Seis nombres. Seis trayectorias de alto nivel. Sin duda son Historias que convergen en un mismo punto: el conocimiento sensible. Ya sea en energía, defensa, exploración espacial o tecnología avanzada, todos estaban vinculados —directa o indirectamente— a sectores estratégicos donde la información no siempre es pública.

Hasta ahora, no existe una confirmación oficial que relacione estos casos entre sí. Las autoridades no han establecido un patrón ni han reconocido la existencia de una red o evento común. Sin embargo, las coincidencias han sido suficientes para que la conversación crezca en espacios digitales, donde la ausencia de respuestas suele convertirse en terreno fértil para teorías más amplias.

Mas allá de la lista

Como elemento adicional, en redes sociales ha comenzado a circular una lista más extensa de supuestos científicos desaparecidos entre 2014 y 2026. Entre los nombres mencionados aparecen perfiles como Frank Werner Malwald (2014), Anthony Chavez (2025), Jacob Prichard (2025) y William McCasland (2026), entre otros. No obstante, esta recopilación carece de respaldo en registros institucionales verificables y mezcla datos no confirmados con perfiles difíciles de rastrear.

Más que confirmar una conspiración, lo que estos casos exponen es algo distinto, la fragilidad de la información cuando se trata de sectores altamente especializados. En un entorno donde ciencia, defensa y tecnología se cruzan constantemente, el silencio institucional no solo protege datos sensibles, también abre espacio para interpretaciones.

La pregunta no es si existe una conexión comprobada —porque hasta ahora no la hay—, sino por qué tantos casos distintos terminan orbitando el mismo tipo de conocimiento. Y, sobre todo, por qué siguen sin respuestas claras. Sin duda una vez más estamos ante la narrativa extraña de Estados Unidos.

Tabla de contenido [hide]

Descubre más:

« In vino veritas, in aqua sanitas »