Presidentes mexicanos masones, secretos a plena luz; una crónica de sorpresas

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La historia oficial de la Presidencia de México suele narrarse entre fechas, decretos y retratos solemnes. Sin embargo, existe una dimensión menos visible que acompañó a buena parte del poder político nacional y que durante décadas se mantuvo a medio camino entre el silencio y la discreción. Una formación ideológica que tuvo respaldo entre élites, cuya presencia puede rastrearse en documentos, correspondencia y piezas conservadas en archivos públicos y otros tantos privados menos accesibles del ojo crítico.

Al seguir ese rastro, la sorpresa no es descubrir que hubo presidentes masones, y seguirán, sino constatar hasta qué punto esa pertenencia formó parte del funcionamiento cotidiano del poder.

Caminar por los pasillos de la historia mexicana es tropezar con símbolos que hablan en voz baja. Al revisar expedientes, memorias y registros institucionales, aparece una constante: la pertenencia a logias no fue un secreto oscuro, sino una práctica habitual entre figuras políticas de distintas épocas. Más que conspiración, fue una red de vínculos que operó en paralelo a la vida pública, influyendo en afinidades, lealtades y trayectorias.

La figura de Benito Juárez, tan citada por su laicismo y su defensa de las Leyes de Reforma, aparece acompañada de evidencia material y documental que confirma su vínculo con la masonería. Piezas conservadas en recintos oficiales y referencias históricas a su iniciación en 1847 dentro del Palacio Nacional permiten contextualizar su pertenencia como parte del entramado político e ideológico del siglo XIX.

Procesión masónica en homenaje a Benito Juárez.

La fotografía muestra una procesión masónica pública realizada en México, durante una conmemoración cívica vinculada a Benito Juárez, una figura histórica profundamente asociada a la masonería mexicana. Se aprecia un desfile organizado de miembros de distintas logias, portando estandartes, mandiles y joyas rituales, símbolos propios del Rito Escocés Antiguo y Aceptado

Al centro del estandarte masónico antiguo, podemos apreciar el Ojo que Todo lo Ve, columnas, soles y referencias a una logia numerada. Detrás del estandarte se distingue el retrato de Benito Juárez, lo que refuerza la hipótesis de que el evento está relacionado con un homenaje masónico a su figura, algo que ocurre regularmente en fechas como el 21 de marzo o el 18 de julio, días clave en el calendario juarista.

Dichos actos se desarrollan comúnmente en la Ciudad de México, aunque también este tipo de desfiles se realizan en Oaxaca, Veracruz o Puebla, estados con fuerte tradición masónica. Estas marchas suelen ser organizadas por grandes logias reconocidas, con permisos oficiales, y forman parte de una práctica histórica poco difundida pero documentada desde el siglo XIX.

Las personas son miembros activos de la masonería, algunos de ellos con insignias que indican cargos internos como Venerables Maestros, Grandes Oficiales o representantes de logias simbólicas. El uso de joyas doradas, collares y mandiles bordados apunta a altos grados o funciones directivas, lo que convierte a la imagen en un testimonio visual relevante de la presencia pública y organizada de la masonería en México, muy lejos del mito o del secretismo absoluto.

Porfirio Díaz.

Porfirio Díaz

La biografía pública de Porfirio Díaz es otra lección de cómo la masonería funcionó en la práctica como red transnacional, datos de investigaciones históricas relatan cómo logias en puertos como Nueva Orleans y sociedades fraternas facilitaron auxilios y canales de regreso durante los exilios políticos, episodios donde la fraternidad masónica se tradujo en acciones concretas; salidas clandestinas, protección y contactos que fueron determinantes para la vida política de la época y que aparecen en fuentes académicas poco difundidas.

No fue solo un mandatario con mano firme sino también un actor clave en la organización masónica del Porfiriato, existen estudios que documentan su papel en la unificación de obediencias y en redes de ayuda entre hermanos masones, incluso relatos de rescates y favores en tiempos de exilio que le vinculan a apoyos desde logias en Nueva Orleans y la Ciudad de México, estos episodios muestran que la discreción de la masonería convive con la utilidad política de sus redes.

Lo cierto es que hablar de masonería en la presidencia mexicana es descifrar una trama que atraviesa la construcción del Estado moderno, desde la Independencia de México hasta las reformas del siglo XX, pasando por esa Revolución Mexicana que algunos consideran una transformación que nunca terminó de definirse.

Benito Juárez

Benito Juarez.

No solo es el registro de nombres que aparecen en libros de historia y en la discreción de logias privadas, la evidencia va más allá de leyendas y se encuentra en objetos, correspondencia y archivos que confirman la pertenencia o la influencia masónica en figuras como Benito Juárez, Porfirio Díaz y Plutarco Elías Calles, entre otros — en el Museo del Palacio Nacional se resguarda un mandil y una banda atribuidos a Juárez que sostienen la tradición de su militancia masónica, mientras historiadores señalan una lista extensa de presidentes asociados a distintos ritos masónicos durante los siglos XIX y XX

Plutarco Elías Calles

Aparece ligado a la correspondencia formal con jurisdicciones masónicas y a un activismo anticlerical que articuló con agendas laicas del Estado, documentos de la época y análisis académicos revelan cómo la masonería se inserta en debates públicos sobre educación, laicidad, y control político, lo que convierte a la acción masónica en un elemento tanto simbólico como operativo del poder oficial

Masonería tabasqueña; condolencias por la muerte de Leonor Llorente, esposa del Gral. PEC.

En los años de la Revolución y la construcción de la Constitución de 1917 la presencia masónica reaparece en cartas, condecoraciones y debates públicos, Plutarco Elías Calles y otros líderes vinculados a la política posrevolucionaria mantuvieron relaciones institucionales con obediencias masónicas y utilizaron esas plataformas para impulsar agendas laicas y de educación pública, los archivos del periodo muestran cómo la pertenencia a una logia funcionó como espacio de deliberación política y de formación de redes que luego influirían en decisiones estatales

Carta del Gran Maestro Ignacio Cortés de la Gran Logia Masónica del Valle de México al Gral. Álvaro Obregón, felicitándolo por su triunfo electoral y anexando dos circulares en las que se manifiesta la adhesión a su candidatura.

Guadalupe Victoria y Miguel Hidalgo

También hay fuentes que listan a figuras como Guadalupe Victoria y Miguel Hidalgo, dentro de catálogos masónicos que cruzan ritos y logias, estos registros no solo sirven para alimentar curiosidades sino para entender cómo una filiación discreta pudo moldear alianzas políticas y marcos institucionales en la construcción de la república 

En el caso de Guadalupe Victoria, primer presidente constitucional de México (1824-1829), la evidencia es más consistente. Diversos estudios sobre las logias yorkinas y escocesas de las primeras décadas independientes lo ubican dentro de la dinámica masónica que atravesó el nacimiento del Estado mexicano.

Investigaciones académicas sobre el Rito de York en México documentan la participación de figuras políticas en estas logias como espacios de organización y disputa ideológica durante los años veinte del siglo XIX. Su cercanía con los yorkinos —grupo identificado con posturas federalistas y republicanas— lo inserta en una red política donde la masonería funge como un mecanismo real de articulación en el poder.

Distinto es el caso de Miguel Hidalgo y Costilla. Su presunta pertenencia a la masonería proviene principalmente de tradiciones historiográficas masónicas del siglo XIX que lo ubican en una logia denominada “Arquitectura Moral” en la Ciudad de México. Sin embargo, hasta ahora no se ha localizado un acta original de iniciación que confirme de manera definitiva su ingreso formal. La discusión permanece abierta entre historiadores: algunos sostienen que su pensamiento ilustrado y sus redes intelectuales lo vinculan indirectamente con círculos afines a la masonería, mientras otros consideran que la atribución fue una construcción posterior para integrar simbólicamente al padre de la Independencia dentro de la narrativa masónica nacional.

A diferencia de otros casos donde existen diplomas y planchas masónicas conservadas, en figuras como Guadalupe Victoria y Miguel Hidalgo la evidencia es mayormente contextual e historiográfica, lo que refleja también la naturaleza discreta y fragmentaria de los archivos masónicos del periodo independentista.

Lo más revelador no son las etiquetas de “masón” sino las evidencias concretas; mandiles, cartas, actas de logias y la mención de masones en archivos oficiales que permiten afirmar que fueron un factor persistente en la escena política. Esta constatación obliga a repensar mitos y simplificaciones, la influencia masónica fue diversa, a veces reformista y anticlerical, otras ocasiones clientelar y pragmática, y en todos los casos operó en la intersección entre ritual y poder público

Museo masónico en Monterrey.

No todo es homogéneo ni tan elegante como un mandil exhibido en un museo, también existieron tensiones internas, «guerras masónicas» entre obediencias rivales, que marcaron la política mexicana con alianzas cambiantes y rupturas públicas, esas disputas se leen en periódicos decimonónicos y en informes que registran pleitos entre ritos, denuncias y la conformación de obediencias nacionales, cuando se atiende a estas fuentes el cuadro que emerge es el de una masonería viva y competitiva.

Esta crónica apenas abre la puerta a ese entramado, lo aquí expuesto corresponde a la primera entrega de una investigación más amplia sobre la relación entre masonería y poder presidencial en México, una historia que continúa desplegándose en archivos, documentos y episodios aún poco explorados.

Si te interesa el tema, te invitamos a leer la logia colombiana -Veritas Vincit no.13- que reconoció a Plutarco Elías Calles como miembro honorario.

Fuentes bibliográficas.

  1. Vázquez Semadeni, M. E. (2010). La masonería en México, entre las sociedades secretas y patrióticas, 1813-1830. Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña.
  2. Torres Alonso, E., & Soberanes Fernández, J. L., & Martínez Moreno, C. F. (Eds.). (2018). Masonería y sociedades secretas en México (Vol. 10, Núm. 2). Revista de Estudios Históricos de la Masonería Latinoamericana y Caribeña.
  3. Smith, B. (2015). Anticlericalism, Politics, and Freemasonry in Mexico, 1920–1940. The Americas, 65(4). Cambridge University Press.

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