Robo espectacular en el Louvre: joyas napoleónicas desaparecen en solo minutos

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En un golpe que parece sacado de una película, el Louvre, el museo más visitado del mundo, fue blanco de un audaz robo a plena luz del día el pasado domingo. Ladrones encapuchados se hicieron con ocho piezas históricas de joyería pertenecientes a la realeza francesa, entre ellas joyas relacionadas con Napoleón y sus esposas, en un atraco que duró apenas cuatro a siete minutos.

La operación ocurrió alrededor de las 9:30 de la mañana, cuando el museo ya estaba abierto al público. Usando un montacargas mecánico montado en un camión, los asaltantes escalaron hasta una ventana del segundo piso en la fachada que da al río Sena. Una vez allí, cortaron el vidrio con herramientas eléctricas, ingresaron a la Galería de Apolo —donde se encuentran las joyas de la corona francesa— y rompieron vitrinas para tomar los objetos.

Cuando huyeron, lo hicieron en motocicletas, dejando atrás equipo usado en el robo. Uno de los objetos robados —la corona de la emperatriz Eugenia— fue abandonado cerca del museo, aunque en estado dañado.

¿Qué joyas fueron tomadas y su valor?

Entre las piezas sustraídas se encontraban:

  • Un collar de esmeraldas que pertenecía a la emperatriz Marie-Louise, esposa de Napoleón.
  • Un conjunto de zafiros con pendientes usados por Marie Amélie y Hortense.
  • Una tiara y broche decorativo atribuidos a Emperatriz Eugenia, contenían casi 2,000 diamantes.
  • Un broche con incrustaciones de esmeraldas y diamantes. 

Las autoridades estiman que el valor de las piezas robadas asciende a 88 millones de euros (equivalente a unos 102 millones de dólares), aunque su valor histórico, patrimonial y cultural las convierte en prácticamente incalculables. 

Se dice que los objetos no estaban asegurados legalmente. En Francia, las obras de museos nacionales no pueden asegurarse cuando se encuentran en exhibición permanente. 

Reacciones, faltas y culpables

Frente al escándalo, el director del Louvre, Laurence des Cars, reconoció públicamente una “terrible falla” en la seguridad del museo y ofreció su renuncia —la cual fue rechazada por el Ministerio de Cultura. También admitió que algunas cámaras exteriores no cubrían bien la zona del ingreso usado por los ladrones.

La directora declaró que el sistema de seguridad funcionó, pero que existían debilidades que los agresores supieron explotar. El caso desató una revaluación de la protección en museos de toda Francia, con desplegados de apoyo político y llamados urgentes para reforzar vigilancia. 

El primer ministro y el presidente francés calificaron el robo como un ataque directo al patrimonio nacional. 

Mientras tanto expertos en criminalística y robo de arte sugieren que es probable que las joyas sean desmanteladas, sus diamantes recortados y vendidos por piezas, lo que dificultaría su recuperación.

Un golpe simbólico al mundo del arte y el turismo

Este robo no es comparable en espectacularidad con otros incidentes artísticos, como el robo de la Mona Lisa en 1911, pero tiene una carga simbólica igualmente fuerte: la vulnerabilidad de un museo de fama mundial en plena operación, con visitantes dentro, contrasta con la seguridad esperada para custodiar el legado de Francia.

Desde que reabrió, el Louvre ya muestra ante sus visitantes la ventana quebrada que usaron los ladrones, como si el mismo museo exhibiera la herida sufrida como parte de su narrativa. 

Investigadores estiman que cerca de 100 agentes especiales están dedicados a la operación actual. Se revisan cámaras, rutas de escape, registros telefónicos y posibles cómplices.

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