El gobierno mexicano, dentro del marco del Paquete Económico 2026, ha aprobado un incremento significativo al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), aplicándolos especialmente a productos de consumo masivo como refrescos, tabaco, bebidas alcohólicas, servicios digitales con contenido violento y apuestas en línea.
Esta reforma ha desatado un debate intenso: desde quienes la ven como una medida necesaria para proteger la salud pública, hasta quienes consideran que representa una carga excesiva para los bolsillos populares.
Lo que aumenta y quién pagará
A partir de 2026, el IEPS a refrescos pasaría de 1.6451 pesos por litro a 3.0818 pesos por litro, lo que supone un incremento de alrededor del 87%.
Los cigarros y otros tabacos labrados también verán aumentos: la tasa subirá de 160% a 200%.
Además, otro producto afectado será el cine-servicio digital: los videojuegos con contenido violento serían gravados con un IEPS específico del 8%.
También se aprobó que algunos sueros orales con azúcar y edulcorantes, que antes estaban exentos, pasen a pagar IEPS, salvo aquellos que cumplan estrictamente con fórmulas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
⚠️ La postura del gobierno: salud y recaudación
El gobierno, encabezado por la presidencia de Claudia Sheinbaum, ha defendido la medida con dos argumentos principales:
- La Secretaria de Salud señala que los productos gravados con este IEPS elevado son causal de enfermedades crónicas como obesidad, diabetes e hipertensión, cuyo costo para el sistema de salud es cada vez mayor. El aumento en IEPS a refrescos, por ejemplo, se plantea con la expectativa de reducir su consumo en aproximadamente 7%.
- Recaudación y uso social del recurso: se estima que el cambio permitirá recaudar 41 mil millones de pesos que podrían ser destinados a campañas de prevención, atención médica, y modernización del primer nivel de salud.

Claudia Sheinbaum ha respondido a las críticas empresariales asegurando que la salud debe prevalecer, y que quienes se oponen al aumento están desviando la conversación hacia el precio sin reconocer el daño que estos productos generan con el tiempo.
La sociedad reacciona: críticas, miedos y descontento
El anuncio no cayó bien en varios sectores sociales y económicos. Algunas de las reacciones más fuertes incluyen:
- Ciudadanos comunes, que advierten que a esto se suma inflación y que cada peso extra en productos básicos como refrescos o cigarros se siente en los hogares de menores ingresos. Hay preocupación de que más impuestos signifiquen sacrificios cotidianos: que los niños ya no puedan tomar refresco, que el ocio se encarezca.
- Pequeños comerciantes y tiendas de barrio, que alertan que el alza podría incentivar la piratería o el mercado negro —como sucede con los cigarrillos— pues los consumidores buscarán alternativas más baratas, legales o ilegales.
- Empresarios de bebidas y alimentos saborizados, que han cuestionado la falta de consulta previa, el impacto que puede tener sobre sus productos, y la posibilidad de que la medida penalice a quienes ya han adoptado versiones “light” o con edulcorantes.
- Grupos políticos de oposición han acusado al gobierno de doble discurso, mencionando que quien criticaba el modelo neoliberal de impuestos ahora recurre precisamente a imponerlos con fuerza. Se señalan contradicciones entre la promesa de alivio económico y la realidad del ajuste fiscal gravoso.
Dilemas y posibles consecuencias
Un riesgo evidente es que los incrementos de IEPS puedan alimentar inflación adicional, ya que muchos productos gravados se consumen de manera diaria, y los costos podrían trasladarse a los consumidores finales más allá del impuesto mismo.
También existe la posibilidad de un efecto regresivo: quienes menos tienen gastan un mayor porcentaje de su ingreso en productos básicos o de consumo frecuente, por lo que los aumentos podrían tener un impacto desproporcionado en hogares más pobres.
Por otro lado, si los recursos recaudados realmente se aplican como propone el gobierno —en tratamiento, prevención y campañas de salud— podrían aliviar la carga del sistema médico ante enfermedades crónicas, aunque la transparencia en el uso de estos fondos será clave.
La aprobación del nuevo IEPS en México marca un punto de inflexión: de cara a una economía ya golpeada por inflación y costo de vida elevado, el gobierno apuesta por gravar más los productos “dañinos” para la salud. No hay duda de que hay razones de peso para tomar medidas sanitarias, pero el descontento social surge porque muchos mexicanos sienten que esta carga no se distribuye equitativamente, y que las promesas de salud no siempre se acompañan de resultados visibles.


